Las mujeres etruscas
El papel de la mujer etrusca aristócrata era el de propietaria, apareciendo en numerosos objetos de las tumbas por su nombre y apellidos. Con derecho a la propiedad se la describe como mujeres con poder, manifestándose en público su autoridad. Ellas tenían derechos inalienables y aceptados en la sociedad como ciudadanas de pleno derecho, al contrario de las mujeres griegas y romanas. Mujeres y hombres poseen las mismas riquezas en sus ajuares funerarios, algo que se evidencia en diversos hallazgos como la tumba mixta de Regolini-Galassi o la necrópolis de la Banditella. También se descubre la presencia de mujeres en los espacios sociales como banquetes o espectáculos deportivos.
Al contrario que los griegos y romanos, la sociedad etrusca por su sexualidad y libertinaje. Sería considerada una sociedad vitalista y disfrutona, incluso se observa en los sarcófagos la libertad sexual de las parejas. Representaciones en pintura, cerámica, escultura y escrituras deleitan sus fiestas con escenas eróticas. La mujer etrusca participaba activamente en la vida cultural, social y en política.
Por supuesto, tenían plena libertad en la elección de pareja, en la toma de decisiones personales y sobre la familia. En las relaciones familiares existía la igualdad real, lo que se representa en las tumbas donde aparecen matrimonios monógamos en situación de equidad (hombre y mujer representados dialogando o con sus hijos). Se trata de relaciones donde no existe dominación ni sumisión entre sexos, en circunstancias respetuosas hacia las mujeres, al contrario de los tirrenos. También las mujeres etrustas disfrutaban del sexo con otros hombres fuera del matrimonio, en orgías, únicamente con fines placenteros, no reproductivos. Todo ello evidencia el poder, la libertad sexual y de toma de decisiones que tenía en la vida pública.
A los griegos, en particular, les llamaba la atención la participación de las mujeres en los banquetes, su afición a la bebida, su presencia en los juegos o la gran permisividad sexual de la que hacían gala.
Así la mujer etrusca, tal como narra Miguel Ángel Elvira Barra en “Dos miradas sobre la mujer etrusca” , tenía poder de decisión sobre sus actos, sus propiedad, objetos, joyas, voluntad libre de acción y movimiento para hacer y deshacer lo que deseaban con total libertad.
Aunque se pueda pensar que la institución era la de un matriarcado, no era así, puesto que en el poder político y religioso quienes tomaban las decisiones eran los hombres. Un estilo de vida femenino que destacó por las relaciones abiertas extramatrimoniales tanto del hombres como de la mujer, y la independencia económica como rasgos similares a la mujer espartana o a la mujer cortesana ateniense.

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